Sección 3 de 9
La mañana
Con el jefe de vacaciones, las consultas terminaban en su escritorio. Sofia abrió el correo y repartió las primeras tareas. Desde el sector de los chicos llegaban bromas que en otro día habría cortado enseguida. Esa mañana dejó pasar algunas.
Cuando Denis volvió a cantar, sí levantó la cabeza.
—Los auriculares no te vuelven invisible.
Él se tocó uno y sonrió. Diego soltó una risa breve antes de seguir trabajando.
La ventana abierta dejaba entrar voces de la calle. Sofia corrigió una planilla y advirtió que llevaba un rato sin pensar en el viernes. El descubrimiento le duró poco: al mirar hacia el otro sector encontró a Diego levantándose.
Iba al baño.
Bajó los ojos fugazmente hacia su pantalón, buscando algo que recordaba demasiado bien del jueves. Después levantó la mirada y le sonrió. Quería que él advirtiera la mirada, pero no tanto como para tener que explicarla.
Lo siguió con los ojos mientras se alejaba. Tampoco estaba nada mal Diego. Qué combinación harían el descaro de Denis y la reserva de ese otro, pensó, y se rio sola antes de volver a la pantalla.
Bueno, Sofia. Tranquila. Todavía ni llegó la primavera.
Se acordó de que estaba casada. No era que lo hubiera olvidado; precisamente por eso le sorprendía encontrarse pensando aquellas cosas con tanta facilidad.
No sabía qué iba a hacer. Se recordó esa diferencia mientras volvía a la pantalla, pero siguió pensando en el jueves.
Tres minutos después volvió a mirar hacia el pasillo.
Voy a molestarlo un poco.
La ocurrencia la hizo sonreír antes de levantarse. No necesitaba el baño con urgencia, ni tenía la certeza de qué hacía Diego. La gracia estaba en que él tampoco sabría cuánto sabía ella.
