Sección 8 de 9
El regreso
Al principio repasó la escena como si estuviera preparando un relato para otra persona. Había llegado para un control. La doctora no estaba. La habían convencido de atenderse con el suplente.
Después venía la parte que no sabía contar.
Se detuvo en una esquina esperando que cambiara la luz. Intentó recordar una frase concreta del médico que justificara lo que había dicho al salir.
Recordó la oferta de esperar a su doctora.
Recordó que él le había explicado lo que iba a hacer.
Recordó las manos apartándose apenas ella pidió que parara.
Quiso recuperar también las palabras que le habían parecido demasiado familiares. El hombre le había preguntado si estaba cómoda. Antes habían hablado del almuerzo y del sol. Ella misma le había contado lo de su amiga.
Miró el semáforo, que ya había cambiado.
La duda le resultó desagradable. Hasta ese momento la bronca la había mantenido ocupada; ahora empezaba a preguntarse si había confundido su propia reacción con una intención ajena.
No podía asegurar que aquella fuera la explicación. Pero tampoco conseguía reconstruir la certeza con la que había salido del consultorio.
Se había sentido expuesta. Eso lo recordaba perfectamente. Otra cosa era que él hubiera intentado exponerla.
Pensó en su voz diciendo «lo voy a denunciar». Había mujeres esperando que debían de haberla oído. Pensó también en el médico quedándose junto al escritorio, sin acercarse mientras ella se vestía.
Tal vez tendría que disculparse.
La palabra le produjo resistencia inmediata. Una disculpa significaba volver a contar lo sucedido, admitir que podía haberse equivocado. ¿Y cómo explicaría por qué se había equivocado?
Todavía no.
Guardó esa posibilidad para otro día, aunque siguió repasando la escena durante el resto del viaje.
