Sección 1 de 5
Madrugar una vez
Denis se despertó antes de la alarma y por unos segundos no supo qué hacer con eso.
Tenía las piernas pesadas por el partido del lunes. Hacía tiempo que no jugaba y había vuelto a su apartamento con el cansancio agradable de haber hecho algo distinto. Ahora entraba sol por la ventana y no tenía ganas de seguir acostado.
Se acordó de los cinco goles de Messi a Estonia. Cinco en un partido; él había terminado el suyo agradeciendo poder subir las escaleras. Sonrió. Menos mal que nadie le pagaba por jugar al fútbol.
Podía llegar temprano, cumplir sus horas y salir antes. Le pareció una idea excelente, de esas que convenía ejecutar antes de empezar a encontrarles inconvenientes.
El portero lo miró con una sorpresa que Denis disfrutó.
—¡Te caíste de la cama!
—No. Dormía incómodo con las tres mujeres que levanté anoche.
Era mentira. Había vuelto del fútbol y se había quedado solo. Pero el portero soltó una risa y empezó a pedir detalles, exactamente como Denis esperaba.
Le dejó una historia a medias y se fue hacia el ascensor. Inventar le resultaba más sencillo que explicar un cambio de rutina.
La oficina estaba vacía. Preparó café, encendió la computadora y eligió música de los noventa. Al principio trabajó con bastante concentración. Después empezó a cantar sin darse cuenta.
Una figura pasó por el reflejo de la pantalla.
—¡Boluda, me asustaste!
Sofia se estaba riendo.
—Vos me asustaste con tus alaridos.
La camisa blanca y el pelo suelto le llamaron la atención, pero lo que terminó de despabilarlo fue la manera en que ella siguió la broma.
—¿Qué pasó? ¿Te echaron de algún lado y por eso viniste temprano?
—Quise venir temprano para estar solo y esperarte con un rico café.
—Payaso. La jarra está vacía.
—Todavía. No te apures.
Se levantó. Hasta entonces, llegar temprano había sido una ocurrencia práctica. Ahora le parecía una oportunidad.
