Sección 7 de 9
La acusación
En la camilla volvió a sentir vergüenza. El médico le explicó el comienzo del examen y esperó su respuesta antes de continuar. Sofia dijo que sí, mirando un punto del techo.
Durante los primeros momentos advirtió una excitación que la desconcertó. No había ido allí por eso. Le molestó que el cuerpo pareciera seguir ocupado en la mañana de la oficina cuando ella necesitaba concentrarse en una consulta.
Intentó quedarse quieta y escuchar.
El hombre le preguntó si estaba cómoda. Sofia respondió que sí demasiado rápido. Él le recordó que podía avisarle si necesitaba interrumpir.
Esa consideración, que un rato antes había agradecido, empezó a resultarle distinta. ¿Por qué era tan atento? ¿Por qué seguía conversando con esa familiaridad?
Dejó de seguir sus explicaciones. Cada nueva sensación parecía exigir una interpretación, y Sofia empezó a encontrar la misma en todas: el hombre se estaba tomando atribuciones.
Sintió vergüenza de haber respondido amablemente, de no haber dicho algo antes. La idea de que él pudiera haber advertido su excitación la hizo ponerse rígida.
—Pare.
El médico se detuvo y apartó las manos.
—¿Te duele?
—Le dije que pare.
—Ya está. No voy a continuar.
Sofia se incorporó con brusquedad. Se sujetó la bata contra el cuerpo y bajó de la camilla antes de que él terminara de hablar.
—Se pasó de la raya.
El hombre retrocedió para darle espacio.
—Lamento que te hayas sentido incómoda. Si querés, podemos hablar de lo que pasó.
—No quiero hablar de nada con usted.
Se fue detrás del biombo. Le temblaban las manos al vestirse. Una manga quedó dada vuelta y tuvo que sacársela para acomodarla; esa demora mínima le dio todavía más rabia. Del otro lado no escuchó pasos que se acercaran.
Cuando salió, tomó el bolso sin sentarse.
—Lo voy a denunciar.
El médico empezó a responder, pero Sofia abrió la puerta y se marchó. Atravesó la sala de espera sin mirar a nadie. No quería una pregunta, una explicación ni que le pidieran bajar la voz.
