Sección 1 de 4
El café de otro
Diego abrió la puerta y escuchó voces en la cocina.
—Buen día.
Dejó la mochila y pasó por la bandeja de facturas. Habían llegado algunos comprobantes que necesitaba. Los reunió sin mirar hacia el pasillo, aunque estaba pendiente de las voces.
Sofia apareció con una taza.
—Buen día.
Le sonrió. Diego respondió con un movimiento de cabeza y bajó la vista a los papeles.
Había pasado el fin de semana pensando en ella y masturbándose con una frecuencia que lo sorprendía incluso a él. No se veía así desde afuera: el trabajo, los estudios, los saludos correctos. Por dentro, Sofia aparecía a cada rato.
Verla salir de la cocina con Denis le produjo celos antes de que pudiera encontrarles una explicación razonable. El café seguramente lo había preparado Denis. A Diego le fastidiaba hasta ese detalle: él habría podido hacerlo si hubiera llegado antes.
No tenía nada de raro.
Se sentó y encendió la computadora. Mientras esperaba, ordenó los comprobantes por fecha. Cambió dos de lugar y después comprobó que los había dejado mal.
Denis llegó a su lado con una expresión satisfecha.
—La tengo ahí, Dieguito.
Diego lo miró.
Denis le contó la escena de la cocina como si cada detalle demostrara algo: la espera, las risas, el espacio estrecho al salir. Su versión tenía una seguridad que Diego envidiaba y, al mismo tiempo, le parecía insoportable.
—Sos pura boca —dijo.
Denis soltó una carcajada.
—Ya vas a ver.
—No la imagino saliendo de boliche con vos.
—Vos porque no tenés imaginación.
Diego volvió al monitor. Tenía demasiada, pero no iba a explicárselo.
Quería que Denis estuviera equivocado. Lo peor era que también quería saber qué había pasado, cada gesto y cada palabra, incluso mientras fingía que la historia no le interesaba. Si Sofia se había reído, ¿de qué manera? ¿Como se reía siempre o de otra?
Por fuera le alcanzaba con decir «sos pura boca». Por dentro ya había vuelto dos veces a la cocina donde ni siquiera había estado.
Denis continuó hablando y llegó a presumir que algún día tendría una grabación para demostrar su conquista. Diego dejó de reírse. Su compañero podía convertir cualquier conversación en una competencia y después actuar como si los demás hubieran aceptado participar.
—Bueno, dejame cargar esto.
Denis se puso los auriculares. Un momento después empezó a cantar.
Diego agradeció tener una tarea concreta.
