Sección 5 de 6
Otra puerta
Ricardo estaba en la cocina cuando llegó. Había platos sobre la mesada y las voces de los chicos venían del pasillo.
—Te avisé que iba a salir tarde —dijo Sofia al verlo mirar la hora.
—Sí. Leí el mensaje.
Fue a saludar a los chicos. Los escuchó contarle cosas del colegio, hizo una pregunta, se quedó un rato más. Al volver a la cocina se había quitado el abrigo, pero todavía llevaba el bolso colgado.
Ricardo señaló una de las cosas que habían quedado por ordenar.
—No puede seguir todo así.
Sofia dejó el bolso en una silla.
—¿Qué es todo así?
Él enumeró horarios, ropa, la cena de esa noche. Había hecho cosas y estaba cansado; ella lo veía. Lo que no entendía era por qué se las nombraba como pruebas contra ella.
—Estás descuidando la casa y a los chicos por el trabajo.
Sofia se quedó inmóvil.
Después de Eduardo, después de Denis, aquella frase tenía algo de repetición insoportable. Se había pasado el día resolviendo lo que faltaba y volvía para descubrir que también allí faltaba ella.
—Hoy llegué tarde. Eso no significa que me haya olvidado de ellos.
—¿Y de mí?
Lo miró. Ricardo tenía los lentes un poco bajos y la camisa arremangada. En otro momento le habría gustado aquella imagen doméstica, las manos mojadas, el cuello abierto. Ahora no consiguió separar al hombre que todavía podía atraerla de la voz que le estaba llevando una cuenta.
—No me hagas esa pregunta así.
—¿Cómo querés que te la haga? Siempre estás haciendo algo.
—Porque siempre hay algo que hacer.
Ricardo acercó una mano a su cintura. Sofia retrocedió medio paso.
—Ahora no.
Él retiró la mano y se puso serio.
—Claro. Para eso tampoco tenés ganas.
Sofia respiró por la nariz. Tenía muchas respuestas posibles, algunas hechas exclusivamente para lastimarlo. No dijo ninguna de esas.
—Tuve un día de mierda. Necesitaba llegar a casa y que me preguntaras qué pasó.
—Yo también tuve un día de mierda.
—No te estoy diciendo que no.
Discutieron con las voces bajas, pendientes del pasillo. Ricardo volvió sobre el trabajo; ella sobre las horas que no había elegido quedarse. Él dijo que todo tenía un límite. Sofia le preguntó por qué el límite siempre tenía que encontrarlo ella.
La conversación empezó a dar vueltas.
Fue a ver a los chicos antes de que se durmieran. Se quedó junto a las camas, escuchando las últimas preguntas del día, y sintió el cansancio caerle entero sobre la espalda. Cuando regresó, Ricardo estaba en el living.
Sofia fue a la cocina y sacó una copa.
