Sección 1 de 6
Antes de que volviera
Sofia había elegido la falda sin hacer pruebas frente al espejo. Se puso las medias, abotonó la blusa y buscó un saco. El aire fresco de la mañana alcanzó para que volviera por el abrigo antes de salir.
Mientras llevaba a los chicos al colegio pensó en la conciliación. Había pasado parte del miércoles tratando de completar lo que Fede tenía que haber hecho. A última hora todavía le faltaban comprobaciones. Podría haberle escrito a Eduardo y señalado el nombre de Federico, pero se había dicho que terminaría antes de que él abriera el archivo.
No había terminado.
Le molestaba saber que aquella mañana iba a tener que explicar algo que no había hecho mal y algo que sí: callarse cuando todavía estaba a tiempo de avisar.
En la oficina dejó el bolso junto al escritorio y abrió la planilla antes de quitarse el saco. Diego le trajo su detalle, completo y ordenado. Ella lo revisó mientras él esperaba.
—Gracias. Esto está bien.
Diego sonrió apenas.
Sofia le miró la boca un instante más de lo necesario. Dos días antes había encontrado muy entretenido provocarlo; ahora le habría gustado tener la cabeza disponible para algo tan inútil. El pensamiento le causó una sonrisa pequeña.
—¿Necesitás algo más? —preguntó él.
—Por ahora, no.
Lo vio volver a su puesto. Qué fácil sería pedirle que se quedara un rato, con alguna pregunta sobre esas mismas filas. No lo hizo. Tenía demasiadas razones verdaderas para necesitar ayuda como para empezar a inventar otras.
Eduardo llegó poco después.
