Sección 5 de 5
El regreso
Guardó sus cosas con un apuro torpe. La cartera se enganchó en el brazo de la silla y tiró más fuerte de lo necesario.
Camino a casa recordó el «siempre» de Diego. Era una respuesta amable. Podía haberle gustado. En cambio, seguía viéndolo junto a Estela.
Había pasado media hora con él y ya estaba comportándose como si alguien le hubiera quitado algo. La desproporción le resultaba evidente; reconocerla no le mejoraba el humor.
Llegó a su apartamento irritada con la llave, con la cartera, con el tiempo que tardó en encenderse una luz. Dejó el teléfono encima de una mesa y se alejó.
Volvió a buscarlo antes de quitarse el abrigo.
El chat de Diego seguía igual. Sofia abrió la conversación y vio el mensaje del día anterior: *Gracias por escucharme.*
Ese mediodía ella había apoyado la mano sobre la de él. Todavía recordaba cómo la había mirado antes de que le ganara la vergüenza.
Estela había ido a buscarlo a las cinco.
Sofia apagó la pantalla. No sabía qué hacer con las dos cosas juntas.
Fin de la perspectiva de Sofia Ashford.
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