Sección 1 de 3
El archivo
Federico quería terminar e irse.
Había trabajado mejor esa semana. Le gustaba descubrir que una mañana podía rendir sin pasarla calculando qué había dejado sin hacer. También le gustaba mirar el teléfono sin encontrar solamente problemas.
Estela había vuelto a buscarlo. Seguía recordando la puerta de su apartamento, la sonrisa antes de dejarlo entrar y la familiaridad que habían ganado mientras trataban de elegir una película. Dos días después, todavía encontraba motivos para regresar a aquella noche.
Antes de las cinco, fue a la cocina a buscar agua y encontró a Denis juntando sus cosas. Tenía apuro por un partido de fútbol, pero se demoró al verlo mirar el teléfono.
—¿Seguís con la uruguaya?
Federico guardó el aparato.
—Estela. Se llama Estela.
—¿La de Montevideo?
—Sí. El martes nos vimos de nuevo.
—Mirá vos. Vas en serio.
—Me gusta, Denis.
No le contó más. Podían conversar, pero entre ellos nunca terminaba de aparecer la soltura que Denis encontraba tan fácil con otros. Los dos querían un puesto mejor; Federico notaba que hasta una pregunta sobre un archivo podía convertirse en una comparación de quién sabía resolverlo. Prefería no llevar también a Estela a ese terreno.
Eduardo lo llamó antes de que volviera a sentarse.
—Traé el archivo. Revisamos una cosa antes de que te vayas.
Federico llevó la computadora al despacho. El jefe cerró la puerta y le pidió que buscara el detalle de un importe. Trabajaron con la pantalla entre ambos; la revisión exigía ir a otro registro y volver.
Fede se obligó a terminar bien. Pensar en Estela no iba a contestar la pregunta de Eduardo.
Cuando cerraron el archivo y él abrió la puerta del despacho, escuchó terminar de asentarse la puerta de entrada.
El puesto de Diego estaba vacío.
—¿Ya se fue Dieguito?
—Sí —dijo Sofia.
Federico recogió sus cosas. Ella parecía de pocas palabras. No preguntó qué le pasaba.

