Sección 2 de 5
Sin público
Apenas entró, tuvo la impresión de que Estela también había estado esperando la hora.
No por las luces ni por cómo estaba acomodado el apartamento. Fue la manera de recibir la bolsa y seguir hablando sin dejar de mirarlo, como si estuviera comprobando una cosa mientras le preguntaba otra.
Llevaba el pelo suelto, negro hasta los hombros, y un vestido corto del mismo color. Un mechón le caía junto a la cara. Federico recordó haberla visto apartarse el pelo en el ferry y tuvo la idea absurda de conocer ya aquel gesto bastante bien.
Le gustaba reconocerla. Le gustaba todavía más no saber qué iba a decir.
En la cocina abrió una alacena equivocada y ella se burló. Pudo seguir el juego hasta que Estela se quedó frente a él y dejó de hacerle lugar para pasar.
Apoyó los vasos.
Estaba acostumbrado a ser el que llenaba un silencio. Con Estela empezaba a sospechar que a veces lo llenaba demasiado pronto.
El primer beso los hizo reír. En el segundo ella ya no parecía estar esperando que él resolviera nada.
Federico sintió el alivio de dejar de adivinar por un momento. Estela estaba allí, eligiendo acercarse. Después le dijo que fueran a comer y él la siguió, todavía con una sonrisa que no tenía forma de disimular.
