Sección 4 de 5
El lugar al lado
Se sentaron en el sofá con la computadora delante. Federico dejó el brazo sobre el respaldo y trató de concentrarse en el comienzo de la película.
A su lado, Estela tenía las manos juntas. Cada tanto hacía un comentario tan bajo que él debía inclinarse para oírlo. En el ferry también había bajado la voz. Federico no sabía si era una costumbre de ella o si había algo deliberado en obligarlo a acercarse.
Le gustó no preguntarlo.
En una escena estuvo por hacer una observación. Estela giró hacia él antes de que terminara de encontrar las palabras.
—¿Qué ibas a decir?
—Ya no me acuerdo.
Era cierto. La tenía demasiado cerca para seguir pensando en un actor.
Ella puso la mano sobre la suya.
Federico miró aquel gesto y se acordó de las cuatro llamadas del domingo. Había fabricado muchas explicaciones mientras sonaban. Ahora le dieron ganas de preguntar qué había pasado, por qué no había atendido, si él había entendido mal aquella primera noche.
No quería preguntárselo como quien presenta una cuenta.
—Me gustó que me escribieras —dijo.
Estela se quedó mirándolo.
—A mí también.
No explicaba el domingo. Federico supo que podía seguir preguntando. Antes de decidirlo, ella se acercó y lo besó, y él respondió sin convertir aquella respuesta incompleta en una promesa.
La película quedó en pausa. Cuando Estela se levantó, él quiso saber si esperaba que se fuera.
Ella dijo que no y le ofreció la mano.
Federico la siguió.
