Sección 1 de 5
Una película pendiente
El lunes, mientras esperaba que terminara de cargar un archivo, Estela abrió el contacto de Federico.
Seguía guardado con aquel apellido: ferry.
En Buenos Aires, a esa hora, no había barcos ni Lucía riéndose al lado para prestarle un poco de coraje. Había una taza con un resto de té, una reunión que empezaba en veinte minutos y el nombre de un hombre al que había dejado llamar cuatro veces sin atender.
Escribió *Hola*. Le pareció una falta de respeto que una palabra tan chica pretendiera resolver todo eso.
La borró.
*Me quedó pendiente recomendarte una película.*
No necesitaba invitarlo a su casa. Podían tomar un café, conversar un rato, darse la oportunidad de comprobar si fuera de aquel fin de semana todavía tenían algo que decirse.
*Podés venir a verla conmigo.*
Envió las dos frases antes de corregir la segunda.
Apoyó el teléfono junto a la taza y volvió al archivo. Cuando la pantalla se encendió, ya lo tenía otra vez en la mano.
*Pensé que te habías olvidado de mí.*
Estela miró el mensaje sin contestar. Recordó su voz en el barco y aquella manera de inclinarse hacia ella, como si lo que iba a decirle mereciera acercarse. También recordó el papel doblado que había traído de Montevideo.
*No me olvidé.*
Dejó pasar unos segundos.
*¿Mañana a las ocho?*
Él aceptó. Preguntó si llevaba algo para comer.
Estela le mandó la dirección.
Después entró a la reunión, saludó y se oyó explicar un problema de trabajo con una serenidad que le resultó casi cómica. En una esquina de la pantalla, lejos de los demás participantes, todavía estaba abierto el chat.
