Sección 1 de 3
La mujer misteriosa
El miércoles, Federico compartió la pantalla y señaló la fila que había corregido.
Sofia la revisó mientras él seguía explicando. Se había acostumbrado a tener que pedirle algo una segunda vez. Encontrarlo adelantándose le produjo alivio y una curiosidad que no tenía nada que ver con los números.
—Así está bien —dijo—. Mandámelo cuando cierres la otra parte.
Él dejó de compartir. Su cara volvió a ocupar el recuadro.
—¿Viste? Te dije que iba a mejorar.
—No te felicites antes de mandarlo.
Federico se rio. Sofia tomó la taza y lo observó por encima del borde.
—¿Sigue funcionando el remedio de Montevideo?
La sonrisa de él le contestó antes que las palabras.
—Ayer la vi.
—Ah. Con razón.
Federico se acomodó en la silla. Parecía estar decidiendo cuánta importancia darle para que ella no empezara a burlarse.
—Estela. Se llama Estela.
—Por fin un nombre. Ya parecía un expediente reservado.
—No seas mala.
—Estoy siendo discreta. No te pregunté nada.
Él le contó que habían comido y tratado de ver una película. No dio un título. Sofia tampoco lo pidió. Le divirtió verlo buscar la manera de decir que la noche había sido buena sin contar nada que le perteneciera a la mujer.
—Me alegro, Fede —dijo, y esta vez no era una broma—. Ahora terminame lo que falta.
Él prometió mandárselo. Cerraron la llamada.
Sofia volvió al archivo con la impresión agradable de haber recuperado a un compañero. Por unos minutos, el trabajo pudo ser solamente trabajo.
