Sección 3 de 4
La explicación
Durante un rato lo consiguió.
Diego le contó algo de la universidad y Estela volvió a encontrar la manera de hacerlo hablar. Le gustaba escucharlo cuando dejaba de cuidar tanto la cantidad de palabras. Podía bromear sin levantar la voz, sostenerle una respuesta, mirarla de una forma que en el trabajo quizá nadie conocía.
La pantalla se encendió junto al vaso.
*¿Mañana entonces?*
No contestó. No quería fijar otra cita allí, delante de Diego. Dejó el teléfono y le preguntó algo sobre el profesor.
Más tarde llegó otro mensaje.
*Me quedé pensando en vos.*
Estela lo leyó y tuvo que levantar los ojos antes de sonreír. No sabía si Diego había visto cambiarle la cara.
—¿Está todo bien?
Encontró la explicación en lo que cualquiera podía estar haciendo a esa hora: contarle un problema a una amiga.
—Una amiga. Se peleó con el novio y está a mil.
—¿Querés llamarla?
Estela negó.
—No. Si la llamo no corta más. Ya le dije que mañana hablamos.
Diego aceptó la respuesta sin parecer conforme. Ella tomó el vaso para ocupar la mano.
Al llegar el tercer mensaje, *¿Todo bien?*, entendió que seguir sin contestar tampoco iba a resolverlo.
*Sí. Después te escribo.*
Dejó el aparato boca abajo y se disculpó con Diego. Él le recordó dónde había quedado su conversación.
Estela escuchó. Quiso estar allí de una manera que no tuviera que demostrar con cada gesto. Buscó su mano; él la recibió, pero no recuperó enseguida la soltura del comienzo.
Ahora había dos hombres esperando algo de ella. Uno estaba delante. El otro le había ofrecido llevar comida y todavía no sabía por qué aquella noche no podía verla.
La explicación inventada le había servido para dejar de mirar la pantalla. No sabía cuánto más le había comprado.
