Sección 2 de 3
La visita
Estela apareció a las cinco sin haberle avisado.
Diego sintió alegría antes de pensar que aquella iniciativa llevaba días faltándole. Se acercó a ella, hizo las presentaciones y volvió a guardar sus cosas.
Mientras apagaba la computadora, las escuchó intercambiar unas palabras. Dos partes de su vida estaban hablando a pocos metros. Le dio una incomodidad que no había esperado; no había hecho nada que pudiera contar con naturalidad en ese momento.
El café podía ser solamente un café hasta que imaginaba explicarlo.
Se despidió de Sofia y salió con Estela.
Ya en la calle, ella buscó su brazo. Diego lo dejó cerca y le preguntó qué se le había ocurrido. Estela dijo que había querido verlo. A él le gustó escucharlo sin haber tenido que pedirlo.
Ella consultó el teléfono mientras caminaban y escribió algo breve.
Un poco después comentó:
—Nunca me dijiste que Sofia era tan linda.
Diego tardó una fracción de más.
—Para mí no es linda.
—¿No?
—Es mi jefa, Estela.
La respuesta no explicaba nada. Lo supo mientras la decía. Era, sin embargo, una manera rápida de salir de una conversación que podía acercarse demasiado a lo que seguía recordando del mediodía.
Estela lo miró de costado y volvió a tomarle el brazo.
Diego preguntó si quería comer pizza más tarde.

