Sección 4 de 4
La salida
Cuando salió de su despacho, las sillas de Diego y Federico estaban vacías. Denis seguía ante su computadora. Sofia tenía una mano en la nuca y la otra sobre el mouse.
Había dejado el saco en el respaldo. Eduardo vio la línea del hombro bajo la blusa, el pelo recogido a medias, una pierna cruzada bajo la falda. Por un segundo imaginó acercarse por detrás y quitarle aquella mano de la nuca para ocupar su lugar.
Sofia levantó la vista.
—Me falta comprobar el último tramo.
—Mandámelo cuando esté.
Ella asintió.
Eduardo se puso el abrigo. Podía quedarse, pero ya no tenía nada que añadir a ese archivo y la jornada le pesaba más de lo que había esperado. Denis se levantó para buscar algo en la cocina.
—Hasta mañana —dijo Eduardo.
Desde la puerta miró otra vez hacia Sofia. Había vuelto a la pantalla.
Bajó al auto con el teléfono en la mano. Su esposa le había escrito para preguntarle a qué hora llegaba. Le respondió antes de arrancar.
De pronto le dio bronca descubrir que había vuelto de Europa para seguir llegando a lugares donde alguien ya estaba disconforme con él.
Fin de la perspectiva de Eduardo Cantore.
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