Sección 3 de 4
Después de almorzar
Desde su despacho escuchó voces bajas y después el nombre de Federico. No distinguió el resto. Al cabo de un rato, Sofia volvió con una impresión del correo donde había repartido las tareas.
La dejó delante de él sin sentarse.
—Esto se lo pedí a Federico. No lo terminó. Yo pensé que podía resolverlo sin hacer un problema y no te avisé a tiempo. Esa parte es mía.
Eduardo leyó las fechas y los nombres. El reparto era claro. La parte de Diego figuraba completada; las filas pendientes correspondían a Fede.
Le fastidió haber empezado acusando a la persona equivocada. Le fastidió todavía más que la prueba estuviera allí, marcada con el mismo lápiz que ella había traído por la mañana.
—Lo de Federico lo voy a hablar con Federico. Pero vos tenías que avisarme.
—Te estoy diciendo que sí. Lo que no acepto es que me digas que no se hizo nada.
—No dije que no se hizo nada.
Sofia lo miró sin ayudarlo.
Eduardo recordó sus propias palabras. Todo a medias. Podía explicar la diferencia, pero sonaría exactamente como una discusión por las palabras.
—Necesito el archivo hoy —dijo.
—Lo vas a tener.
—Que Fede termine su parte.
—Para que lo termine tengo que volver a controlarlo. Eso también lleva tiempo.
Se quedó mirándola. El enojo le daba un color distinto a la cara; los ojos claros parecían más atentos que por la mañana. Una vez había pensado que una mujer seria se volvería fácil de leer en cuanto entrara en confianza. Con Sofia nunca le había sucedido.
—Sentate un minuto. Tomemos un café y ordenemos esto.
Ella miró la silla y luego la carpeta.
—Prefiero terminar.
La invitación ni siquiera había sido abiertamente personal, y aun así Eduardo sintió el rechazo. Se apoyó contra el respaldo y la dejó ir.
No iba a disculparse por exigir que el trabajo estuviera listo. Por el modo de exigirlo, quizá. Pensó en llamarla otra vez y decidió que ya habían perdido bastante tiempo.
