Sección 3 de 3
Las esperas
El teléfono no le devolvió esa frase.
Federico recordó las llamadas sin respuesta del domingo en Montevideo y apartó la comparación. Después de aquello Estela lo había contactado por su cuenta, lo había recibido en su casa y había elegido quedarse con él. No podía usar cada demora para borrar lo que sí había ocurrido.
Tampoco podía evitar notar que, cuando quería verlo, encontraba palabras mucho más claras.
Escribió una última pregunta.
*¿Todo bien?*
Esta vez respondió.
*Sí. Después te escribo.*
Fede leyó el mensaje y decidió esperar. Se descubrió molesto con ella y luego con la cantidad de atención que él mismo había puesto sobre una pantalla. No tenían un acuerdo que le permitiera exigir aquella noche. Lo sabía. Tenerlo claro no apagaba las ganas de que Estela lo eligiera sin que él tuviera que seguir preguntando.
Cuando llegó el último mensaje, ya había pasado bastante tiempo.
*Se hizo largo. Hablamos mañana.*
No decía cómo había estado ni respondía si quería verlo el viernes.
Federico empezó a escribir *Dale*. Lo dejó sin enviar un momento.
La salida con amigas podía ser cierta. También podía ser una forma de evitar una conversación. No conocía a esas amigas, no sabía dónde se reunían y no tenía un hecho que justificara desconfiar.
Tenía la sensación de estar recibiendo solamente las palabras necesarias para que dejara de preguntar.
Envió *Dale* y dejó el teléfono lejos.
Hasta esa tarde había estado pensando qué podía llevarle la próxima vez.
Ahora quería saber si habría una próxima vez que no tuviera que proponer él.
Fin de la perspectiva de Federico Tereira.
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