Sección 2 de 4
El pasillo
La mañana fue menos rígida de lo habitual. Sofia dejaba pasar algunas bromas y hablaba sin la impaciencia del jueves. Diego no sabía si estaba de mejor humor por el viaje o si esa diferencia tenía algo que ver con la llamada del viernes.
Tampoco sabía qué quería que significara.
Más tarde se levantó para ir al baño. Al pasar, encontró a Sofia mirándolo. Le pareció que ella había bajado los ojos antes de sonreírle, pero el movimiento fue demasiado rápido para estar seguro.
Respondió y siguió caminando.
¿Me miró ahí?
Se dijo que no, que estaba viendo lo que quería ver. Después recordó el movimiento de sus ojos y volvió a dudar. Una cosa era imaginar a Sofia cuando estaba solo; otra, bastante distinta, era sospechar que ella también podía mirarlo.
Dentro del baño terminó masturbándose, una conducta privada que después intentó ocultar. No podía saber si Sofia había notado algo ni por qué lo había mirado. Se limpió y se lavó la cara, molesto por volver a estar pendiente de señales tan pequeñas.
El golpe en la puerta lo sobresaltó.
—Ocupado.
Terminó de ordenar el baño y tiró la cisterna. Al abrir encontró a Sofia esperando.
Se apartó para dejarla pasar. Ella le sonreía, pero él no consiguió quedarse allí a interpretar otra sonrisa.
Regresó al escritorio.
