Sección 3 de 3
Un café mañana
El reloj seguía avanzando en una esquina de la pantalla. Sofia lo vio y decidió no mencionarlo.
Tampoco iba a decirle que su novia no lo merecía. No sabía nada de aquella mujer ni de sus días. Lo que Diego le había contado no demostraba un engaño, una ruptura ni siquiera una discusión.
Le alcanzaba para saber que él había necesitado hablar y que había elegido quedarse hablando con ella.
Acomodó el cuello de su blusa. En el recuadro pequeño se vio hacer el gesto y retiró la mano. Diego no comentó nada. Sofia volvió a mirarlo a él.
—Mañana estamos en la oficina —dijo—. Si querés, tomamos un café.
—Dale. Gracias, Sofia.
—Y no hace falta que tengas una planilla abierta para llamarme.
La frase quedó entre los dos un momento.
Diego agradeció otra vez. No hizo una broma ni le devolvió algo que ella pudiera guardar como prueba de una intención distinta. Sofia conocía su educación. Aun así, se quedó pensando en el tono de su voz cuando se despidió.
La ventana se cerró y volvió a aparecer su cuaderno.
Había un importe anotado a medias. Lo completó, revisó la cuenta y se descubrió mirando el chat de Diego antes de pasar a la siguiente tarea.
Un café. Podían tomarlo en el estudio, como cualquier otro día. No había prometido nada que tuviera que ocultar.
Eso se dijo mientras imaginaba a Diego acercándose a su escritorio al día siguiente, con algo para contarle que no tuviera que ver con el trabajo.
El mensaje llegó unos minutos después.
*Gracias por escucharme.*
Sofia escribió *Para eso estoy*.
Lo leyó. Parecía una respuesta que podía mandar a cualquiera.
Borró la frase y escribió otra.
*Cuando quieras, Diego.*
Fin de la perspectiva de Sofia Ashford.
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