Sección 2 de 4
Cuando entró
Escuchó la llave y terminó de enjuagar un plato antes de volverse.
Sofia llevaba el pelo un poco desarmado, el abrigo abierto y una expresión cansada. Ricardo miró el reloj casi sin darse cuenta.
—Te avisé que iba a salir tarde —dijo ella.
—Sí. Leí el mensaje.
Fue a saludar a los chicos. Ricardo oyó cómo le contaban parte de lo que ya le habían contado a él y sintió una molestia absurda: bastaba que ella llegara para que quisieran empezar de nuevo.
Se dio cuenta de lo injusto del pensamiento y siguió secando el plato.
Cuando Sofia regresó a la cocina se había quitado el abrigo. La blusa le marcaba la cintura bajo el saco; la falda dejaba ver las rodillas cubiertas por las medias. Ricardo se quedó mirando un segundo.
Podía pasar un día entero enojado y desearla apenas la tenía delante.
Le gustaba verla vestida para trabajar. El problema empezaba cuando imaginaba a los demás viéndola durante todas las horas que él pasaba en otro lugar. La forma en que se inclinaba para leer algo, el pelo apartado del cuello, aquella atención seria que él conocía desde la universidad. No necesitaba que ella hiciera nada especial. Eso era justamente lo que lo inquietaba.
Señaló las cosas que quedaban por ordenar.
—No puede seguir todo así.
Sofia dejó el bolso en una silla.
—¿Qué es todo así?
Él empezó por la hora. Después habló de la cena y de la ropa. Mientras enumeraba, tuvo la impresión de que cada detalle resultaba demasiado chico para lo que quería decir. Pero juntos debían significar algo.
—Estás descuidando la casa y a los chicos por el trabajo.
La vio quedarse quieta.
Ricardo sabía que Sofia se ocupaba de ellos. Esa misma mañana los había llevado al colegio; podría haber enumerado muchas más cosas sin esfuerzo. Sin embargo, ya había dicho la frase y quería que entendiera cuánto le había pesado la tarde.
—Hoy llegué tarde. Eso no significa que me haya olvidado de ellos.
—¿Y de mí?
Eso había salido antes de pensarlo. Lo dejó mucho más expuesto de lo que deseaba.
Sofia lo miró.
—No me hagas esa pregunta así.
—¿Cómo querés que te la haga? Siempre estás haciendo algo.
—Porque siempre hay algo que hacer.
