Sección 4 de 4
Lo que quedó
Denis bajó del mueble. Sofia se levantó tan rápido que la silla golpeó atrás. Buscaba la manga del saco sin mirarlo.
Tuvo el impulso de decirle que no había sido para tanto. Un beso, nada más. Podía encontrar el tono, una media sonrisa, una frase que le permitiera recuperar algo de su soltura.
—Te estaba contando lo que me pasó —dijo ella.
Denis se quedó callado.
Eso era lo que había ocurrido. Ella le había contado un problema. Él había ido sumando la risa, la cercanía y la falta de resistencia a su mano hasta encontrar lo que quería encontrar.
—Sí. Me equivoqué.
Sofia recogió el bolso. Él se apartó para dejarle libre el paso.
La puerta se cerró y Denis permaneció junto a su escritorio, oyendo cómo se alejaban los pasos hacia el ascensor.
Todavía tenía en la palma la sensación de su hombro. Le irritó que el cuerpo siguiera acordándose de la parte agradable con tanta facilidad, mientras en la cabeza se le repetía el rechazo.
Volvió a su silla.
El teléfono mostraba un mensaje sobre la noche. Lo abrió y no contestó. Miró hacia la puerta de la cocina. El martes había convertido un roce en una conquista que todavía no existía. Esta vez no tenía ni eso para contarse.
Podía imaginar a Diego escuchando la historia. No iba a contársela.
Abrió el chat de Sofia. Escribió «Perdón por lo de recién». Se quedó mirando las palabras. Después las borró. Le acababa de pedir distancia; insistir ahora con otra conversación también podía ser una manera de no dársela.
Apagó la computadora y fue a dejar el vaso en la cocina. Antes de salir comprobó las luces.
Había conseguido quedarse solo con ella.
Lo que no había previsto era quedarse solo después.
Fin de la perspectiva de Denis Toscani.
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