Sección 2 de 7
Una conversación inesperada
Esperó un rato antes de preguntarle si viajaba por trabajo.
Ella iba a visitar a la familia. Era de Montevideo, vivía en Buenos Aires y trabajaba en sistemas. Él le contó lo suficiente de sus tareas administrativas para conversar sin tener que explicar por qué últimamente las hacía mal.
Tampoco habló de su ex.
Le sorprendió cuánto le gustaba la manera en que ella escuchaba. No se reía por adelantado para facilitarle el chiste; lo miraba, lo dejaba terminar y a veces le contestaba algo que lo obligaba a mejorar la siguiente frase.
—Vos sos de las que esperan a que termine todo para decir que no les gustó —dijo cuando hablaron de películas.
—Y vos de los que hablan durante la película.
—Depende de con quién la mire.
Ella sonrió bajando los ojos.
Federico se quedó mirando ese gesto un instante de más. Pensó que una mujer así podía ocultar bastante detrás de la educación. Era una idea suya, alimentada por una sonrisa; no tenía ninguna prueba y tampoco necesitaba una para disfrutar de imaginarla.
Se inclinó para escuchar una respuesta. Ella no se apartó enseguida. Más tarde retiró el brazo del apoyabrazos y él se preguntó si había sido deliberado o si simplemente estaban incómodos.
Por primera vez en varios días no había mirado el teléfono durante una hora entera.
Antes de bajar compararon los planes de regreso. Los dos habían aprovechado el feriado argentino del lunes para quedarse hasta ese día. Federico pensó que todavía quedaba bastante fin de semana por delante; la idea le gustó más al saber que también le quedaba a ella.
Al llegar le pidió el número.
—Así me recomendás alguna que no sea una porquería. Soy Federico.
—Estela.
El nombre le quedó asociado a la forma en que ella había sujetado el teléfono con las dos manos.
—Después te escribo.
—Dale.
La vio alejarse. Se dijo que no había pasado nada extraordinario. Después buscó el contacto para comprobar que estaba ahí.
