Sección 1 de 7
El sábado sin Estela
Diego despertó con el teléfono vibrando.
—Llegué bien.
La voz de Estela tenía ruido de gente detrás. Él se incorporó lo necesario para contestar sin hablar contra la almohada.
—¿Qué tal el viaje?
—Bien. Se me pasó rápido.
Preguntó por sus padres. Ella transmitió saludos, alguien la llamó desde el otro lado de la habitación y Diego imaginó el almuerzo que debía de estar esperándola. No la retuvo mucho. Tenían hasta el lunes para pasar separados; después él volvería a la oficina y ella a sus cosas.
Cuando cortó, miró la hora y pensó qué iba a comer.
Los sábados que se veían, Estela solía tener una idea antes de que él empezara a revisar la heladera. Esa mañana le pareció una comodidad enorme, de las que uno advertía justo cuando no estaban. No necesitaba que ella resolviera la comida; igual la extrañó por ese motivo poco elegante.
Se levantó en calzoncillos y fue al baño con el teléfono. Sentado, pasó de Facebook a Instagram sin buscar nada en particular. Una foto, otra, una publicidad. Estela no había enviado nada nuevo.
El nombre de Sofia apareció entre las cuentas que seguía. Entró a su perfil. No vio una publicación nueva.
Se quedó unos segundos más de lo necesario.
Era absurdo: tenía novia, estaba deseando que le mandara una foto desde Montevideo y al mismo tiempo se había descubierto esperando una de su jefa. Una sonrisa distinta, una ropa que no fuera la de trabajo, cualquier detalle que le permitiera imaginarla fuera de su cubículo. La curiosidad no iba a desaparecer porque él decidiera llamarla curiosidad.
Cerró Instagram antes de seguir inventando una foto que no existía.
En la cocina encontró lo suficiente para armar algo sencillo. Después abrió los apuntes de Contabilidad. El fin de semana largo también servía para eso: recuperar horas que durante la semana se le escapaban entre el trabajo y el cansancio.
Subrayó dos párrafos y comprobó el teléfono.
Estela estaría con la familia.
Volvió al primero porque ya lo había olvidado.
