Sección 3 de 7
Mercado del Puerto
Antes de ir a lo de su amigo se sentó a comer asado en el Mercado del Puerto.
Había conversaciones, gente moviéndose entre mesas y un ruido de platos que volvía absurdo pensar en toda Ciudad Vieja como un lugar vacío. Sin embargo, al caminar después encontró calles bastante más quietas que el centro porteño de un día laboral. Le gustó esa pausa.
Miró una vidriera, dobló sin apuro y se detuvo a revisar cómo llegar al apartamento.
El precio del almuerzo le hizo pensar en lo que ya había gastado. En Buenos Aires también le parecía que cada salida exigía una cuenta distinta de la semana anterior. Guardó el recibo y decidió no convertir el paseo entero en otra planilla.
Su amigo lo recibió con preguntas que Federico contestó hablando del viaje. Durante la tarde pudo distraerse. Por la noche pidieron pizzas y tomaron un par de cervezas. Su amigo se fue a lo de su novia y Federico quedó con los platos, la televisión y un silencio demasiado parecido al que había cruzado el río para evitar.
Tuvo el impulso de escribirle a su ex.
Abrió contactos y encontró Estela.
Era medianoche. Demasiado tarde para una primera llamada sensata.
Pensó que, si dormía, no iba a atender. Pensó también que las dos cervezas le estaban volviendo convincente un argumento bastante flojo.
Llamó.
