Sección 5 de 7
La puerta
Cerca de las dos las otras quisieron salir.
—Yo me quedo —dijo Estela.
—¿Acá? —preguntó Lucía.
—Sí. No tengo ganas de salir.
Federico guardó el teléfono. Si quería seguir con ella, era el momento de decirlo sin hacer de la situación un espectáculo.
—Si querés, me quedo.
—Quiero.
La respuesta le dejó una alegría demasiado visible. Lucía miró a ambos, dejó una manta y se despidió. Las tres salieron discutiendo por el próximo lugar.
La puerta se cerró.
Federico sintió que había dejado de actuar para un grupo y que eso lo hacía, de golpe, menos gracioso. Estela se acercó despacio.
—Te pusiste callado.
—Estoy tratando de no arruinarlo.
Ella le acomodó el cuello de la camisa.
—¿Y qué estarías arruinando?
La miró. Tenía que inclinarse un poco para quedar cerca de su cara. Estela levantó la cabeza y lo besó.
Por un momento Federico solo alcanzó a responder. Después se apartó lo necesario para mirarla.
—¿Querés que me quede de verdad?
—Sí. Pero no me hagas promesas.
Asintió.
La última frase debía de tener alguna historia detrás. No la preguntó. Estela volvió a acercarse y él eligió ocuparse de ese presente que le estaba ofreciendo, sin buscarle un significado todavía.
Estaban junto al espejo. La vio mirar su propio reflejo y luego volver los ojos hacia él. Federico notó en ese movimiento una curiosidad que le gustó más que cualquier provocación de la previa.
—Más despacio —dijo ella después.
Aflojó el abrazo. Esperó. Estela volvió a acercarse.
El resto de la noche quedó para los dos. Federico descubrió que ella podía pedir, detener algo y cambiar de idea sin perder esa mezcla de timidez y desafío que había empezado a atraerlo en el barco. Él también fue diciendo lo que quería. A ratos se rieron, y esa risa desarmó la necesidad de que todo saliera perfecto.
Más tarde Estela se acostó en el dormitorio. Él le acercó la manta. Cuando la vio dormida buscó papel y escribió una nota.
*Llamame cuando te despiertes. Fede.*
No puso una declaración. Le pareció demasiado. En el camino de vuelta al apartamento de su amigo, sin embargo, ya estaba imaginando la siguiente vez.
