Sección 4 de 7
Cuatro
—Hola, mi capitán.
Federico sonrió antes de contestar.
Oyó música y voces de mujeres.
—¿Me tirás un salvavidas, marinero musculoso?
Se escucharon carcajadas. La voz de Estela era más alta y juguetona que en el ferry; el alcohol se notaba, pero ella hablaba con claridad y seguía la conversación.
—Te paso a buscar y salimos a bailar, si querés.
—Bueno. Pero somos cuatro.
Federico se quedó callado un segundo.
Cuatro mujeres. Podía terminar como acompañante, chofer sin auto o personaje secundario de una noche que no tenía nada que ver con él. También podía pasarla bien. La imagen de Estela sonriendo en el barco inclinó la balanza.
—Entonces mandame la dirección.
Llegó sin tener un plan mucho más elaborado.
Lucía lo recibió con una mirada que le hizo sospechar que el ferry ya había sido comentado. Las otras dos lo saludaron entre bromas. Todas eran adultas y parecían conocer las reglas de una reunión a la que él acababa de llegar.
Estela estaba junto al sofá. Sin la campera se veía más pequeña y, al mismo tiempo, ocupaba el ambiente de una manera completamente distinta. Tenía los ojos brillantes, hablaba por encima de una amiga y después se reía de haberla interrumpido.
No era la mujer callada que había imaginado. O no lo era allí.
Le dieron un vaso. Tomó uno, sin tratar de alcanzar la historia de las botellas sobre la mesa. Ya tenía ganas de acercarse a Estela; no necesitaba beber para darse cuenta.
Ella se sentó en el brazo del sofá.
—Ya veo que fuera del barco sos más peligrosa —dijo él.
—Vos no viste nada.
Lucía hizo un comentario sin palabras y Estela la miró de reojo. Federico disfrutó de sentirse incluido en una complicidad que todavía no entendía.
Ella se inclinó hacia la mesa. El movimiento le dejó ver de cerca su cuello, el cabello rozando la tela, una mano fina buscando una servilleta. Federico volvió a su cara demasiado tarde para disimular del todo.
Estela sonrió.
Tal vez había visto su mirada. Tal vez no. Él prefirió pensar que sí.
Cuando bailaron, ella apoyó una mano en su brazo. La sintió moverse con seguridad frente a él, escogiendo la cercanía. Federico tuvo el deseo inmediato de abrazarla y se contuvo apenas lo suficiente para ver si ella reducía la distancia.
La redujo.
