Sección 8 de 9
Un día antes
Tenía todavía el lunes para estar allí. Su madre había hablado de otra comida; ella había prometido pasar más tiempo con su abuela. Había pagado el viaje haciendo cuentas para aprovechar cada hora.
Ahora empezó a buscar cómo volver ese mismo domingo.
La idea le produjo un alivio tan inmediato que entendió de dónde venía. Quería ver a Diego. Quería también alejarse del apartamento de Lucía, de la nota y de la posibilidad de cruzarse otra vez con Federico. Volver no deshacía nada, pero le ofrecía algo que hacer con las manos mientras la culpa seguía trabajando por dentro.
Consiguió adelantar el regreso un día.
—Pero ¿no te quedabas hasta mañana? —preguntó su madre cuando la vio cerrar el bolso.
—Sí. Cambié de idea.
No encontró una explicación mejor para darle. La abrazó más tiempo del habitual, recogió las cosas y salió antes de que esa despedida se convirtiera en otra conversación que no podía sostener.
La nota apareció entre lo que había traído de lo de Lucía. Podía tirarla. La dobló una vez más y la guardó en un bolsillo interior.
Antes de embarcar escribió a Diego.
*Vuelvo hoy. ¿Podés venir a casa esta noche?*
La respuesta llegó casi enseguida.
*¿No volvías mañana?*
*Sí. Pero te extrañaba.*
Estela miró lo que había enviado.
Lo extrañaba. La frase era cierta y a la vez dejaba afuera el motivo por el que había decidido no soportar otro día en Montevideo. Le dolió comprobar lo fácil que resultaba decir algo verdadero para esconder el resto.
*Dale. Avisame cuando llegues.*
Durante el viaje recordó la pregunta que había interrumpido. Diego no había nombrado a nadie. No había dado ninguna señal de saber lo ocurrido. Ella lo había tratado como si la hubiera acusado.
El asiento junto al suyo no lo ocupaba Federico. Estela miró hacia la ventana y recordó lo fácil que había sido, el día anterior, pensar que dar un número no significaba nada.
