Sección 5 de 7
La bolsa entre los dos
Estela abrió enseguida cuando llegó a su apartamento.
Tenía el pelo suelto, la cara lavada y el bolso del viaje junto a la pared. Parecía cansada. Diego levantó la compra.
—Traje para hacer unos sándwiches. Capaz no habías comido.
Ella lo abrazó antes de contestar.
Diego tuvo que apartar la bolsa para poder rodearla con los brazos. Estela apoyó la cara junto a su cuello y se quedó allí un momento, más apretada a él de lo habitual.
—Te extrañaba —dijo.
Le acarició la espalda.
—Yo también.
El beso lo tomó todavía pensando en la bolsa. Después dejó de pensar en ella.
Había una urgencia en Estela que le gustó. No necesitaba que ella fuera siempre atrevida, pero sentirla buscarlo sin esperar a que él empezara le hizo olvidar por un rato la conversación del mediodía. Puso una mano en su cintura y la acercó un poco. Ella no se apartó.
Diego tuvo ganas de que siguieran así. También la vio cerrar los ojos con cansancio cuando se separaron.
—Perdón por cortarte así —dijo ella.
—Me cayó mal. Te estaba preguntando cómo habías pasado.
No levantó la voz. Tampoco quiso fingir que ya no importaba.
Estela miró la bolsa.
—Ya sé. Estaba hecha un desastre.
Diego asintió. No tenía otra respuesta que exigirle en ese momento. Fue a la cocina y preguntó por un cuchillo.
Mientras preparaba la comida, ella se quedó cerca. Le alcanzó un plato y apoyó una mano en su espalda al pasar. A Diego le gustaron esas interrupciones pequeñas. Se descubrió alargando una tarea sencilla porque tenía ganas de recibir otra.
Comieron y él le habló de una dificultad con los apuntes. Estela le pidió que repitiera una parte. Diego lo hizo; supuso que la falta de sueño todavía le estaba pasando factura.
Más tarde se sentaron juntos. Ella apoyó la cabeza en su hombro y buscó su mano.
Diego dejó de calcular qué había querido decir durante la llamada. Tenía a Estela ahí, recién llegada, habiendo cambiado un pasaje para verlo. Ese hecho pesó más que una respuesta brusca.
Le besó el pelo. Ella apretó sus dedos.
