Sección 6 de 7
El lunes que habían ganado
Pasaron parte del feriado juntos en el apartamento de Estela.
Hubo mate, una comida sin apuro y apuntes abiertos sobre la mesa. Ella pudo reírse de una observación suya sin ese cansancio que había traído el domingo. Por momentos se quedaba distraída; Diego le preguntaba algo y ella volvía a la conversación.
No tenía por qué explicar cada silencio. Había pasado una noche larga, había viajado y el martes los dos retomaban sus rutinas.
Al recoger una taza, Estela se inclinó cerca de él. Diego le rozó la cintura y recibió una sonrisa breve, de las que parecían prometerle algo y después podían no prometer nada. Se quedó con ganas de besarla otra vez.
Pensó en lo distinto que había sido el abrazo de la noche anterior. Quizá extrañarse servía para eso, para no entrar siempre al encuentro por el mismo lugar.
Más tarde guardó los apuntes. El feriado había rendido menos de lo que pensaba cuando ella todavía estaba en Uruguay, pero no le molestó. Había ganado un día con su novia.
La idea le quedó asociada al mensaje: te extrañaba.
