Sección 4 de 5
Un día distinto
Sofia estaba más tolerante. El jefe no aparecía, entraba aire por la ventana y nadie parecía dispuesto a convertir cada comentario en un problema.
Denis abrió un archivo que había postergado y alcanzó a trabajar un rato antes de oírla.
—Los auriculares no te vuelven invisible.
Se tocó uno y sonrió. Diego se rio.
Más tarde Sofia pasó por el sector buscando papeles. La falda estaba más corta y la camisa más abierta. Denis se fijó enseguida. Pensó en avisarle lo de los botones y decidió que no tenía ninguna prisa por hacerlo.
El perfume le llegó cuando ella estuvo cerca. Se quedó con esa impresión incluso después de verla regresar a su escritorio. Vaya mañana, pensó. De pronto le parecía buena idea volver a llegar temprano el jueves.
Cuando Sofia regresó a su lugar, Denis se inclinó hacia Diego.
—¿Viste? —murmuró.
—Vi —respondió Diego.
Ah, así que el calladito también miraba. Denis sonrió. Le divertía sacarle una respuesta tan pequeña y quedarse imaginando todo lo que no decía. Por un momento tuvo ganas de repetir «la tengo ahí», solo para fastidiarlo un poco más.
Miró hacia el escritorio de Sofia. Ella parecía concentrada en el correo. ¿Habría notado que estaban hablando? Le gustó la posibilidad; quizá había ido hasta su sector sabiendo que provocarían exactamente aquella conversación. Quizá no. Denis se quedó con la versión que más le convenía.
Denis volvió al archivo pensando que su compañero estaba de mal humor.
Al mediodía Sofia avisó que se iba a comer y que después tenía una consulta médica. Dejó tareas pendientes y se marchó. Denis la despidió desde la silla.
Pidieron comida. Buscaron el episodio de The Walking Dead que les tocaba y durante el almuerzo Denis se olvidó del café: se puso a discutir lo que uno de los personajes tendría que haber hecho.
Después volvió el trabajo.
