Sección 5 de 5
Las ocho horas
Por la tarde intentó retomar el tema de Sofia. Diego le dijo que ya se lo había contado.
—Estás insoportable hoy —respondió Denis, divertido.
No obtuvo mucho más.
Miró la hora. Había llegado temprano para irse temprano, pero entre conversaciones, música y el almuerzo se le había pasado el entusiasmo de la mañana. Todavía tenía cosas por terminar.
Se quitó los auriculares y se concentró unos minutos. Era capaz de hacerlo cuando se lo proponía; el problema era sostener las ganas.
Antes de irse vio la taza vacía en el escritorio de Sofia.
Se acordó de «mi reina», de su risa y de la cocina estrecha. Los hechos cabían en unos pocos segundos. La versión que pensaba contar podía ocupar mucho más.
Cerró el archivo y apagó la computadora.
Fin de la perspectiva de Denis Toscani.
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