Sección 2 de 5
La cocinita
Sofia fue al fondo a buscar agua. Denis se colocó junto a la cafetera y vio que, para salir, ella tendría que esperar o pedirle que se moviera.
Empezó a lavar la máquina.
Podía haberlo hecho más rápido. Lo sabía. Pero mientras siguiera allí tenía una conversación que no compartía con nadie más.
—Mirá qué aplicado —dijo Sofia.
Denis le habló del café con la seguridad que usaba cuando quería mantener la atención de alguien. Mezcló lo que sabía con lo que recordaba a medias. Ella no lo corrigió.
—¿Te falta mucho?
—Lo bueno lleva tiempo.
—Tengo que trabajar, Denis.
Escuchó la advertencia y terminó de servir. No había razón para exagerar la espera.
—Aquí tiene, mi reina.
Ella se rio.
—Qué tonto que sos.
Notó el color que le había subido a las mejillas. Le gustó pensar que podía causarle eso con dos palabras. Estuvo a punto de decirle otra cosa para prolongar el momento, pero prefirió dejar que «mi reina» quedara entre los dos.
Denis tomó esa risa como una pequeña victoria. Con Sofia siempre había habido bromas, pero esa mañana él quería encontrar una diferencia y la encontró.
Se abrió la puerta de la oficina.
—Buen día —dijo Diego.
Sofia quiso salir.
—Permiso.
Denis se movió menos de lo que podía. Ella pasó por el espacio estrecho y lo rozó.
—Me quiero matar —murmuró, y la vio alejarse con la taza.
El contacto había sido breve. Denis lo convirtió enseguida en el centro de la mañana.
No se preguntó cuánto de ese cruce había producido él al no apartarse del todo. Era más agradable pensar que la cercanía significaba algo.
