Sección 3 de 5
Contarlo
Esperó a que Sofia estuviera en su escritorio y fue hacia Diego.
—La tengo ahí, Dieguito.
Contó lo de la cocina. En su relato la conversación había sido más cómplice, la espera menos incómoda y el roce casi una confirmación. No necesitaba cambiar los acontecimientos por completo; le bastaba con elegir dónde poner el énfasis.
—Sos pura boca —dijo Diego.
Denis se rio.
—Ya vas a ver.
—No la imagino saliendo de boliche con vos.
—Vos porque no tenés imaginación.
Le gustaba provocar esa respuesta. Diego hablaba poco, pero cuando Denis presumía de Sofia siempre parecía tener una objeción preparada. Podía ser simple fastidio. Denis prefirió interpretarlo como que su historia estaba causando efecto.
Llegó a decir que algún día tendría una grabación para demostrarlo. La frase salió como tantas otras exageraciones: antes de pensar qué estaba prometiendo y con la atención puesta en la cara de su compañero.
Diego no se rio.
—Bueno, dejame cargar esto.
Denis volvió a su silla. Se puso los auriculares y siguió cantando.
