Sección 4 de 5
Un nombre
Se sentaron a la mesa. Federico contó una equivocación pequeña del día sin nombrar a nadie; ella pudo reírse sin estar calculando si lo hacía demasiado fuerte. A veces encontraba su mirada mientras todavía estaba sonriendo y tardaba un poco en bajarla.
Él empezó a hablar de una cena futura.
—Un amigo mío, Diego, me propuso una salida de cuatro. Él con la novia y yo…
Estela dejó el vaso sobre la mesa.
El nombre le trajo una voz familiar, el mensaje de la tarde, la facilidad con que Diego había creído que ella quería descansar. Era extraño oírlo en boca de Federico hablando de otra persona. No conocía a sus amigos. No tenía motivo para reconocer a nadie allí.
Lo que sí había oído era el lugar que aquella frase parecía reservarle junto a él.
—¿Ya me estás organizando la agenda?
—Te estoy consultando.
Estela tomó otra empanada. Él no tenía manera de saber cuánto había dejado afuera de aquella pregunta.
—Primero terminá esta cena.
—Está bien. Una cosa por vez.
Federico sonrió y cambió de tema. Estela agradeció la salida, aunque le molestó necesitarla.
No iba a hablarle de Diego. La decisión había estado en cada mensaje y ahora estaba sentada a la mesa con ellos. No hacía falta renovarla después de cada beso para que siguiera siendo suya.
