Sección 5 de 5
La película
En el sofá dejó un espacio entre los dos que desapareció al acomodar la computadora. Federico apoyó un brazo sobre el respaldo; ella podía sentirlo cerca sin que la estuviera abrazando.
Pasaron unos minutos. Estela seguía la conversación de los actores y al mismo tiempo prestaba atención a cualquier movimiento a su lado. Cuando él se inclinó para decir algo, giró demasiado pronto y quedaron frente a frente.
—¿Qué ibas a decir? —preguntó.
—Ya no me acuerdo.
Ella tampoco recordaba qué estaba pasando en la película.
Apoyó la mano sobre la de él. Fue un gesto pequeño, casi cómodo, pero esta vez no lo disfrazó de accidente.
Federico miró sus dedos antes de volver a su cara.
Estela pensó en la mujer que había dudado tanto frente al espejo. Quiso decirle que podía haber dejado de ensayar: todavía le daba vergüenza, y aun así estaba haciéndolo.
Se acercó y lo besó.
La película siguió hablando sola hasta que Estela buscó el teclado y la dejó en pausa.
Después se quedó con la mano allí, sin levantarse.
—¿Querés que me vaya? —preguntó Federico.
Ella volvió a mirarlo.
—No.
Le sostuvo la mirada hasta estar segura de que la había entendido. Cuando se puso de pie, lo invitó a seguirla.
Más tarde, al acompañarlo hasta la puerta, había cosas que todavía no sabía decir y otras para las que esa noche había encontrado palabras. Federico se inclinó a besarla antes de salir. Estela lo retuvo por la mano un instante más.
Lo dejó ir. Cerró despacio y se quedó escuchando sus pasos alejarse.
En el sofá, la pantalla esperaba que alguien decidiera cómo seguía la película.
Fin de la perspectiva de Estela Contreras.
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