Sección 3 de 6
Denis
—¿Quién tiene la carpeta de proveedores? —preguntó Sofia desde su escritorio.
Denis contestó antes que nadie.
—Está acá. La dejaste vos la semana pasada. ¿No te acordás o el mal humor te está borrando la memoria?
Diego dejó de escribir.
Jamás le habría hablado así. No porque le faltara carácter, sino porque Sofia era su superiora y la frase le parecía una falta de respeto innecesaria. Denis, en cambio, sonreía como si todas las reglas fueran negociables para él.
Sofia giró hacia ellos.
—Es la última vez que me hablás así.
Denis le guiñó un ojo.
Contra lo que Diego esperaba, Sofia soltó una risa corta y lo señaló con el dedo. Diego sintió que acababa de presenciar una conversación que tenía antecedentes privados. La facilidad de Denis para provocarla, la risa de ella y la ausencia de una consecuencia real se unieron en una conclusión tan rápida como injustificada: se la debía estar cogiendo.
Sofia se acercó a buscar la carpeta. Los zapatos con taco producían un sonido seco sobre el piso. Desde cerca, el pantalón negro marcaba sus caderas y la curva de sus glúteos con más claridad de la que Diego había notado al verla entrar.
Ella se agachó frente al estante inferior, dándoles la espalda.
La tela se tensó sobre su cuerpo. Entre la blusa y la cintura del pantalón apareció por un instante el borde blanco de una prenda de encaje.
Denis golpeó suavemente el hombro de Diego y señaló con los ojos. Después hizo una mueca obscena y movió la pelvis, aprovechando que Sofia no podía verlo.
Diego no respondió. Tampoco apartó la mirada con suficiente rapidez. Sintió calor en la cara y una tensión inmediata bajo el pantalón. No era la primera vez que deseaba a Sofia, pero hasta entonces había conseguido mantener ese deseo separado del trabajo, reducido a fantasías privadas que aparecían en su casa y desaparecían al verla detrás del escritorio.
Sofia se incorporó con la carpeta. Diego ya miraba el monitor cuando ella se volvió. Denis todavía sonreía.
Esperaron a que se alejara.
—Algún día voy a estar con ella —murmuró Denis.
Lo dijo con una seguridad irritante. Después agregó una descripción vulgar de lo que pensaba hacer y aseguró que Sofia terminaría pidiéndole que se detuviera.
Diego soltó una risa corta para no mostrar incomodidad.
Sabía que Denis hablaba mucho. Lo había escuchado exagerar conquistas, inventar dificultades y acomodar cada historia para quedar en el centro. Pero también sabía que salía con varias mujeres, que podía conversar con cualquiera y que no parecía sentir vergüenza frente al rechazo.
Diego no envidiaba su personalidad. No quería convertirse en alguien como Denis. Envidiaba la facilidad. La posibilidad de expresar un deseo sin quedar paralizado por todo lo que podía salir mal.
Miró la pantalla, pero la planilla había perdido sentido.
En su cabeza, la frase de Denis se transformó en imágenes. Primero vio a los dos juntos, aunque no quería verlos: Sofia inclinada sobre el escritorio, Denis detrás de ella, seguro y sonriente. La fantasía lo excitó y lo enfureció al mismo tiempo. Quiso expulsar a Denis de la escena, pero durante varios minutos solo consiguió imaginar que otro hombre obtenía aquello que él ni siquiera se atrevería a pedir.
Después ocupó su lugar.
Sofia se volvió hacia él dentro de la fantasía. Ya no estaba irritada ni distante. Lo miraba como nunca lo había mirado en la oficina, con una atención que borraba la diferencia de edad, la jerarquía y el matrimonio.
Diego cruzó las piernas bajo el escritorio.
Pensó en su novia. Era linda, reservada y tan poco inclinada como él a llamar la atención. Con ella podía ser más atrevido, aunque incluso en la intimidad existían conversaciones que nunca conseguía iniciar. A veces le pedía que compartiera alguna fantasía, alguna historia que los sacara de lo habitual, pero ella se cerraba. Él no insistía.
Nada de eso impedía que su imaginación siguiera funcionando cuando estaba solo.
