Sección 1 de 6
Antes de las ocho
Diego llegó a la oficina con la mochila colgada de un solo hombro y las manos metidas en los bolsillos de la campera. La mañana estaba despejada, pero el aire fresco lo hizo apurar el paso hasta el edificio. Subió y encontró el apartamento casi en silencio. Los aires estaban en modo calor al máximo; cerca de las ventanas todavía se sentía frío.
Le gustaban esos minutos anteriores a la llegada de los demás. El ambiente principal parecía más grande sin voces ni teléfonos. Encendió la computadora, acomodó las facturas junto al teclado y abrió la planilla que había dejado preparada la tarde anterior.
Faltaban dos comprobantes.
Revisó la carpeta física, el correo compartido y las descargas del sistema. Nada. Podía seguir trabajando sin ellos durante un rato, pero Sofia los necesitaría para cerrar el registro. Pensó que era mejor avisarle apenas llegara.
Denis apareció poco después, saludó desde la puerta y dejó el abrigo sobre el respaldo de su silla. Parecía descansado a pesar de que era jueves y seguramente ya tenía organizada la salida de esa noche. Diego nunca entendía cómo lograba combinar cuatro noches de joda con una jornada de oficina. Denis se quejaba, bostezaba y trabajaba a medias, pero siempre encontraba energía para hablar.
Diego volvió a la planilla.
