Sección 5 de 5
Las cinco
Durante la tarde completó el detalle y se lo mandó. Releyó el mensaje antes de enviarlo para asegurarse de que solo hablaba de trabajo.
A las cinco terminó la jornada.
Esa noche vinieron sus amigos y salieron. Diego participó de la conversación, se rio y tomó unos tragos. No les contó lo ocurrido en la llamada.
Cuando volvió a su casa, recordó la pregunta de Sofia sobre lo que decía de ella. También recordó su disculpa. Había sido ella quien había sacado el tema del jueves, sin que él se lo pidiera.
No conseguía decidir qué significaba ese cambio de trato. La disculpa era clara; las sonrisas, menos. Le gustaba repasar las partes que podían significar algo más y después encontraba una explicación corriente para cada una.
Los amigos habían seguido hablando esa noche sin saber lo que él se guardaba. Diego no quiso contarles la llamada. No quería convertirla en una anécdota que alguien le devolviera deformada, ni escuchar a otro opinar sobre Sofia como si también hubiera estado allí.
Durante el fin de semana pensó más de una vez en escribirle. No tenía ningún asunto de trabajo que justificara el mensaje.
Dejó el teléfono donde estaba.
El lunes podría volver a hablarle normalmente. Se lo repitió como si la normalidad dependiera solo de esperar.
Fin de la perspectiva de Diego Kanter.
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