Sección 3 de 5
La pregunta
El tono de Sofia volvió a relajarse mientras avanzaban con los documentos. Diego fue dejando atrás la incomodidad del comentario, pero no la conciencia de que la deseaba.
Miró su propio recuadro y pensó que podía masturbarse sin que Sofia lo descubriera. Se convenció de que la cámara no mostraba nada que pudiera delatarlo y decidió hacerlo mientras continuaban hablando de trabajo. Esa confianza no duró.
—¿Estás bien, Diego?
Se detuvo inmediatamente.
—Sí. ¿Por?
Sofia lo estaba mirando.
—Te quedaste callado.
Sintió vergüenza. Por unos segundos creyó que había descubierto lo que hacía y que la pregunta era una forma de obligarlo a reconocerlo.
—Estaba buscando esto.
—Ah, bueno. No te apuro.
Mantuvo las manos sobre el escritorio. Buscó realmente el archivo, aunque lo tenía abierto desde antes. No quería que ella lo descubriera. Pensar en verla de nuevo en la oficina después de algo así le resultó insoportable.
Entonces Sofia habló de las facturas del jueves.
—Ayer te hablé mal con lo de las facturas.
Diego levantó la mirada.
—No pasa nada.
—Sí, pasa. Vos me estabas preguntando algo y yo te contesté cualquier cosa.
Esperó un momento antes de responder.
—Está bien. Ya está.
—Gracias.
Le mandó el archivo. Mientras lo revisaban, dejó de sentirse interrogado. La conversación tenía otra vez un motivo claro. Tal vez la pregunta de antes había sido solamente eso: una pregunta porque se había quedado callado.
Recuperó confianza y volvió a su conducta privada, todavía convencido de que debía mantenerla oculta. El miedo regresaba cada vez que ella dejaba de mirar el documento y levantaba los ojos hacia la pantalla.
